Como en la foto anterior... ya puede un pequeño empresario gastarse el dinero en montar su tienda e intentar tenerla bonita, para que luego venga un idiota que no sabe qué es el respeto a sus semejantes y que se cree Rembrandt, para que en unos minutos destroce con sus pintajos lo que se ha hecho con tanto sacrificio e ilusión. Imagino la impotencia de los dueños cuando lleguen por la mañana a abrir su negocio y vean esos garabatos. Cuánto indeseable hay suelto...

Tricot by José María Gómez, en Flickr





















