Varias cosas.
Lo primero que me ha llamado la atención, como ya han dicho, el encuadre “aparentemente” descuidado. (Los pies a punto de salir, media lámpara cortada, perspectiva sin corregir, luz desbordada en la ventana, sillas que están en ninguna parte, la mirada del rey en otro punto fuera, el entorno poco iluminado detrás del rey…). Sin embargo nada se cae, todos los pesos están en equilibro, la imagen seduce como una gran pintura clásica.
Todos estos detalles (que para según qué cabezas serían “defectos”) me hacen pensar que el briefing del encargo podría haber sido
“que el retrato sea noble y regio dentro de una larga tradición, pero que a la vez los monarcas parezcan cercanos, reales, y accesibles a la gente”. Y desarrollo apuntes:
-Ellos aparecen sólidamente situados en su escena, representando lo atemporal, mientras que el entorno ( aunque muestra todos los detalles de una tradición de nobleza y poder) se nos muestra casual, inclinado, (sin corregir la perspectiva), como una foto tirada con el móvil, como si la hiciera cualquiera que pasa por ahí, en definitiva queriendo a la vez mostrar la monarquía como gente de carne y hueso en un entorno que aunque representa toda la tradición, está ahí todavía al alcance y que no pertenece a otro siglo.
-El contraste de iluminación en la sala, toda natural desde la ventana, enfatiza el tamaño del espacio, esa “caja” iluminada igual que “Las Meninas”. Y no solo la luz: la puerta del fondo , el espejo enfrente... Esto refuerza la idea de nobleza, tradición y a la vez, de nuevo, conecta con la gente, porque todo el mundo recuerda el cuadro de Velázquez y conoce su importancia y su valor histórico (el valor de
nuestro patrimonio) dentro de la historia del arte.
-Él en la sombra, con la mano en la mesa, la mirada en otro lugar, como representando a una persona pragmática y ocupada. Ella por el contrario aporta el toque de glamour (solo en ella se percibe una iluminación de estudio, hábilmente dirigida).
-La sillas sirven para dar continuidad al espacio sin que ellos parezcan estar alejados el uno del otro, lo que les permite tener su lugar propio, porque son dos cuadros en uno solo. Esto es también modernidad, un espacio completo e igual al de él.
Reconozco que mi primera impresión ha sido de desconcierto por el atrevimiento alguno de esos detalles, pero sin dejar de estar seducido desde el momento uno por lo que me parece una foto muy lograda: tradicional y atrevida a la vez, clásica y pictórica pero aparentado casualidad. Creo que logra un difícil equilibrio y que el resultado visualmente atractivo borra fácilmente cualquier objeción de los papistas sobre si la foto está mal porque está quemada, oscura, torcida o con los pies cortados. Y que en la segunda lectura, cuando he sacado esas impresiones que he contado, no puedo sino descubrirme ante el talento de A.L. para resolver con acierto un encargo tan delicado. (Pero que conste que me considero republicano.

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